LECCIÓN 286. La quietud del Cielo envuelve hoy mi corazón.

Padre, ¡qué día tan sereno el de hoy! ¡Cuán armoniosamente cae todo en su sitio! Éste es el día señalado para que llegue a entender la lección de que no tengo que hacer nada. En Ti ya se han tomado todas las decisiones. En Ti ya se ha resuelto todo conflicto. En Ti ya se han colmado todas mis esperanzas. Tu paz es mía. Mi corazón late tranquilo y mi mente se halla en reposo. Tu Amor es el Cielo y Tu Amor es mío.

La quietud de hoy nos dará esperanzas de que hemos encontrado el camino y de que ya hemos recorrido un gran trecho por él hacia una meta de la que estamos completamente seguros. Hoy no dudaremos del final que Dios Mismo nos ha prometido. Confiamos en Él y en nuestro Ser, el cual sigue siendo uno con Él.


Comentario:

Si me acuerdo de Él, ¿de qué podría preocuparme? El momento en el que padezco todo pesar, es cuando me olvido de Su Amor. ¿Y qué es Su Amor sino mi perfecta seguridad en todo?

He de escuchar Su Voz primero, para después bajó su guía, dar mis pasos. No tengo apuro alguno, cuando cuento con la Voz de Dios mismo guiándome. ¿Qué prisa puedo tener, si Él sabe cuando es el momento justo, y Él me dirá cuándo, dónde y cómo? Aquietate, pues lo único que necesitas es escuchar.

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