En este último tiempo, mi pasaje por esto que llamamos espiritualidad ha vivido una profunda alquimia.
Creo que en el buen sentido, en ese que todos queremos, de integración y maduración. Por lo menos esa es mi vivencia interna, ya veremos si es así.
Tengo que confesar que tuve mi etapa «fundamentalista», pero bueno, supongo que a todos nos pasa… Esa necesidad «purista» que, por inmadurez, la ponemos fuera, y bellas ideas se tornan en acciones un poco rígidas. Dicho lo dicho. Acá estoy. Nuevamente, mi experiencia interna es muy liviana en este momento. Y así, jugando con las palabras junto al lector/a, al amigo/a, esa rigidez era la de un «bambí» al lado de cada «tigre» que anda suelto por ahí.
En fin, cerrando los preámbulos. Aclaro que todo lo que aquí comparto es de mi laboratorio personal. De lo que he vivido y aprendido por las buenas y por las malas.
Me voy encontrando con tres ejes de experiencia en relación a nuestra vivencia espiritual. Es decir, si pudiéramos resumir qué se nos mueve cuando entramos en relación con lo espiritual, la búsqueda, el camino, a grandes rasgos yo diría que se nos mueven los siguientes aspectos:
El conocimiento: Todo lo que tiene que ver con el entendimiento intelectual de los postulados, la fundamentación metafísica, filosofía, mística. Sería el acercamiento al sistema de pensamiento del camino, corriente, etc.
El aprendizaje – sanación: Es cuando empezamos a vivir eso que estamos entendiendo a nivel mental. La sanación y el aprendizaje son básicamente lo mismo, pues lo que aprendemos es a ser más libres, más íntegros y auténticos, más amorosos. Sería el aspecto terapéutico del comenzar a vivir los postulados.
Apertura, escucha, conexión: el desarrollo de nuestra disponibilidad a no fragmentar, a no juzgar, a no rechazar y excluir. Sería el aspecto de presencia.
A su vez, tenemos 4 dimensiones (para ser esquemáticos) en donde esas experiencias se despliegan:
Relación y conexión
Interioridad y autoconocimiento
Propósito, sentido de ser
Unidad, trascendencia e inmanencia
¿Por qué digo todo esto…? Porque me he dado cuenta de que esos 3 aspectos son necesarios para un desarrollo transformador. Es decir, «transformarme = dejar de ser yo», sí, para ir un paso más hacia arriba, hacia abajo, hacia adentro, hacia el otro, hacia el todo.
Si en alguno de los aspectos me tranco, me estanco en mi proceso y tiendo a rigidizarme y por lo menos para mí, a perder el verdadero objetivo. Este desequilibrio lleva a dogmatismos, fragmentaciones, a la dualidad nuevamente. Y este desequilibrio lleva muchas veces a la creencia de: «yo sí y los demás no». No importa si es una afirmación individual o grupal. Pero eso es para prender la lucecita roja.
Por ahora, lo dejo por acá, para no hacerla muy larga. Repito, esto es un laboratorio. Pero aun así, sentía el deseo de compartir. En estos días la seguimos.

