Considera los diferentes papeles que le asignas a las personas a tu alrededor, a las situaciones en las cuales participas:
1 -Pensemos en alguna persona cercana, y veamos qué papel le asignamos. Puede ser un amigo, un hijo, una mamá. ¿Qué esperamos de ellos? Si no me doy cuenta qué espero, puedo pensar cuando me frustro o me enfado, incluso si quiero que se “cuide más” y no lo hace. ¿Qué es lo que quiero que haga? ¿Cómo quiero qué lo haga? ¿Qué resultado espero? ¿Espero tranquilidad, un beneficio, satisfacer una necesidad, amor, comprensión?
¿Realmente estoy mirando a la persona/situación o al papel que le asigné y lo que deviene de ese papel?
2- Después de chequear lo anterior…:
Dar un paso hacia mi libertad es dar un paso hacia la suya. Un compartir libre, sin demanda, sin resultados, solo un compartir, solo su presencia es suficiente, no esperar nada, y darlo todo (en mi mente). ¿Cómo sería solo ser junto a esa persona? ¿Cómo sería no pedirle nada y dejarlo ser?
A veces la libertad trae desenlaces que no nos gustan… puede que si dejo de intentar cambiarlo me aleje de esa persona o situación… porque en realidad me relaciono desde ese lugar (querer cambiarlo). Sin embargo, ¿quién no querría más libertad?
No quiere decir que uno sea pasivo por no querer cambiar algo, estamos viendo el lugar desde el cual me relaciono. Cuando quiero cambiar algo es porque eso que está ahí no me gusta, no lo quiero, y eso es lo que le digo a la persona o situación, «no me gustas, así no te quiero».

