El pensamiento debe «gobernar» a la emoción, pero nunca reprimirla, sino comprenderla y encausarla, dándole lugar, expresión y sentido.
Así mismo, el espíritu «debe» inspirar al pensamiento.
El pensamiento debe «gobernar» a la emoción, pero nunca reprimirla, sino comprenderla y encausarla, dándole lugar, expresión y sentido.
Así mismo, el espíritu «debe» inspirar al pensamiento.