Nosotros frente a Dios, siempre estamos en una posición de oscuridad. La luz infinita que proviene de Él siempre trasciende toda afirmación espacio-temporal de entendimiento.
Por ello, podemos seguir elevándonos en nuestros niveles de conciencia, de aceptación de la luz. Siempre hay algo más que aprender, esto implica cambio y transformación.
Todo entendimiento temporal refleja una porción de eternidad aceptada en un determinado momento, mas, eso solo es un reflejo parcial de lo infinito que se pudo asimilar en esa ocasión (traduciéndolo a un estado finito). Ese entendimiento que a su vez se convierte en una nueva concepción, teoría, o simplemente a nivel individual un nuevo sentido, se transforma en el próximo escalón de nuestro camino.
Así se vuelve en un paso más hacia un nuevo y mayor entendimiento temporal que nos dará nuevas noticias de lo eterno. Sin negar o rechazar lo anterior, sino asimilándolo y reubicándolo en el gran mosaico de comprensión universal que vamos gestando época tras época.
Es así que también debemos aceptar, que la luz siempre impacta en nuestras sombras evidenciando partes oscuras, lo cual, no es ni bueno ni malo, sencillamente es un proceso natural de una mayor exposición a la luz. Sin embargo, siempre es un llamado a sanar. Esto no siempre se vive con felicidad, a veces genera una contracción o repliegue, pues en el punto en el que estábamos, nos encontrábamos en un »equilibrio» de lo conocido, de lo que puedo, de lo que sé, etc..
Con esto me gustaría puntualizar que en el camino espiritual, no todo se vive «color de rosas». A veces el aprendizaje «duele», porque nos invita a soltar un refugio, una versión de nosotros e incluso de las cosas y del mundo, que ya no aporta a nuestro avance, a la expansión de la luz en mí.
Eso implica por momentos dejar relaciones, lugares, cambiar de objetivos, mirar con otros ojos a los demás y a mi mismo. Si nos rendimos al proceso, el resultado será más luz, y por ende, más vida en nuestras vidas. Mayor entendimiento, mayor experiencia de la visión de unidad. Esto siempre trae paz.
A medida que comprendemos este movimiento de la Conciencia, también nos volvemos más abiertos a las transformaciones y a transitar el «cambio de piel» de una manera más benévola y amorosa. Cambiar, transformarse, es un proceso natural en el aprendizaje y esto es un regalo, pues en todo ello lo único que sucede (si hay aprendizaje) es que nuestra capacidad de amar, de ser libres, se expande, se abre un poco más, ilumina un poco más. Y así, la sensación interna de expansión y felicidad nos acompaña tiñendo esta nueva mirada a la que nos abrimos.

