Continuando con la idea de hoja de ruta. Aquí les presento algunos ejes a la hora de relacionarnos con el mundo de las ideas, del pensamiento, más allá de la ideología, de la teología, etc.. Elementos a tener presente en cada caso, que me ayudan a mirar más de cerca, en sintonía conmigo, y también a mirar más allá de lo aparente.
¿El pensamiento crea?
Aquí solo voy a considerar un aspecto de esta afirmación, el cual es el nivel psicológico o subjetivo. El metafísico lo dejamos para más adelante.
Esta es una afirmación muy común en nuestros tiempos, y es cierta. Por lo menos hasta donde mi entendimiento me permite ver. En este nivel (subjetivo), lo que el pensamiento crea es la experiencia, es decir: mi experiencia, en cualquier momento dado.
Uso un ejemplo simple: el miedo a las arañas. Hay quienes le tienen mucho miedo y se paralizan a pesar de que no hay riesgo real, ya sea porque están lejos o porque son inofensivas. A la vez, una persona en la misma sala reacciona con asombro y disfruta del diseño y la belleza del insecto. ¿Es el insecto el que está provocando las reacciones o son los pensamientos que pienso los que activan y desencadenan mi reacción? ¿Fácil de ver verdad? Ante un mismo evento hay tantas reacciones como creencias «habiten la sala».
Me relaciono con los pensamientos que pienso acerca de «la cosa», la cosa está ahí, sí, puede ser un humano o una situación, pero mi experiencia está determinada por mi interpretación, y esta por el significado que otorgo. ¿De dónde surge el significado? De mi sistema de creencias.
Entonces, si cambias las creencias, cambia el significado y por ende la experiencia que tengo acerca de «la cosa». Por eso podemos estar en la misma sala y «ver y sentir cosas tan diferentes», porque nos estamos relacionando con nuestros propios pensamientos.
El sistema de pensamiento
Creencias, conglomerados entrelazados de las mismas, a veces contradictorios, a veces imposibles, pero funcionando en conjunto y en mí. Asumidas y adoptadas en gran parte por necesidad y por amor egoico, ciego, parcial, se vuelven parte de lo que creemos ser. Y muchas veces funcionan en «segundo plano» (funcionan automáticamente, sin que las cuestionemos).
No podemos no tenerlas, pero aquí lo importante es ser consciente de cuáles tengo, de cómo las uso y para qué. Si no soy consciente, las creencias me usan a mí, y luego no sé por qué me pasa esto o aquello, por qué repito las mismas situaciones, etc. Si me vuelvo consciente, las creencias las puedo elegir, puedo decidir si usarlas o no, aceptarlas o no.
Un ejemplo: salgo de una relación y me involucro en otra pensando que va a ser diferente… y termina siendo igual. Me pasan cosas parecidas y siento las mismas emociones. No modifiqué mi contexto interno, mis creencias, mis pensamientos siguen ahí; por ende, aunque quiera algo diferente voy a tener lo mismo porque mi sistema de creencias genera mi experiencia.
Pasemos a otro punto para llegar un poco más lejos, pues las creencias varían en forma, pero podemos ver que se orientan en dos direcciones principales, unir o fragmentar (amor o miedo).
Dualidad – no dualidad
¿Qué vivimos? ¿Una o la otra? ¿Y si la vivencia reúne a las dos? Es decir, ¿cómo la no dualidad puede rechazar, excluir a la dualidad sin volverse dual? ¿Y si la verdad se nos presenta como un descubrimiento, un proceso de unificación de la viviencia?
Hay muchas propuestas de caminos espirituales, de filosofías y religiones, desde la antigüedad y en todos los rincones donde hubo humanos, estaba y está la búsqueda y la necesidad de comprensión, de sentido. Para mí, lo único que en esencia me ayuda, destilando cualquiera de las propuestas, es: si separa, excluye, dualiza, o si une, incluye, unifica*.
Las formas son temporales y proceden de la cultura específica. La conexión con lo divino, es intemporal. Muchas veces conflictuamos porque no podemos distinguir una de la otra y las superponemos en ves de darles un lugar a cada una.
Repito, lo que miro con detenimiento en una propuesta religiosa, mística, filosófica, incluso política, es si apunta a la fragmentación o a la unión. Todo lo demás son los humanos dando forma en el tiempo. La no dualidad o mejor, la unidad, no está en conflicto con las partes. No hay tal cosa. Son solo dos momentos del pensamiento, y uno está al servicio del otro. Solo hay conflicto cuando usamos uno solo de los momentos, y el conflicto está dado por la exclusión del otro.
El todo (ya) está siendo
La idea central es que ya está ahí, la totalidad ya está ahí, siendo. Estamos sumergidos en ella. Todo es uno. Todas las cosas ya están unidas y entrelazadas (con mayor o menor distancia, directa o indirectamente).
Lo que tiende a la unificación es nuestra comprensión e integración de la información, de los eventos y de la experiencia.
¿Cómo accedemos a esa totalidad? Por medio de las formas espirituales, filosóficas, la ciencia, un abrazo, una mirada, etc. Está ahí, y está siendo ahora. No hay que hacer nada, porque la totalidad está ahí y somos parte de ella. «Conócete a ti mismo» y conocerás el universo, aquí adquiere sentido. Somos fractales, ya que es la unidad reproduciéndose a sí misma en todas partes.
Tanto un hindú, como una partera, un albañil, como una analista de macroeconomía, están en contacto y viviendo a través de ese todo. Ahora, la conciencia que tengan de ello es muy particular y específica en cada caso y no depende de su profesión, ni creencia religiosa, ni de su época.
La ley de la gravedad funcionaba antes de su descubrimiento, al igual que la rotación de los planetas, el magnetismo y la cuántica. La conciencia, la unidad, el ser también están ahí, solo que los vamos descubriendo y entendiendo de a poco y a medida que «queremos» encontrarnos con eso (y a veces tan solo nos topamos con ello).
(La voluntad es fundamental aquí, pues puedo cerrar los ojos para no ver, todo el tiempo que quiera.)
Incluso a veces, esta búsqueda, reconocimiento, experiencia, viene con la necesidad de ser libres, de encontrar la verdad, con la palabra o la mirada de alguien que te movió profundamente, a través del dolor, etc. No es algo especial, es natural y se manifiesta de muchas formas, y no tiene porque ser religiosa o espiritual, aunque desde la mirada espiritual** eso sea visto como una experiencia de tal índole. Aun así, el nombre que le demos a la experiencia, es irrelevante.
La mente que integra
Una herramienta muy poderosa: la mente. Así como un músculo, se puede entrenar; y también tiene capas más superficiales-externas y otras más profundas-internas. El pensamiento es su «materia», y los pensamientos pueden emerger de capas profundas o superficiales. Los distinguimos esencialmente por su textura y por la experiencia a la que dan lugar.
Los superficiales tienen que ver con las «cosas del mundo», lo eminentemente práctico. Que no se entienda superficial con poco importante, pensemos en círculos concéntricos, como la piedra en el estanque. Todas las ondas son parte de la experiencia, y no hay una mejor que la otra, todas emergen y dan lugar a lo que estamos viviendo.
Las más internas, producen pensamientos que no tienen una forma específica y dan lugar a un «estado mental» más que a ideas prácticas. También dan lugar a ideas concretas, sin embargo, por lo general éstas se sienten como «inspiración» y tienen la calidad de novedoso, expansivo, vivo. No se experimentan como mera suma y resta o un ordenar conceptos.
Haciendo estas «pequeñas salvedades», la mente que integra, funciona con un anclaje mayor en las capas profundas o internas de la mente, donde el vaivén de las formas temporales no le seducen a «cambiar de parecer», sino que se dirige hacia aquello que está ahí (el todo que está siendo).
Tal vez haya un líder que con ideas de paz, nos lleve a la guerra. Esto ha pasado innumerables veces y pasa aún hoy. Y esos líderes pueden ser religiosos, políticos, empresarios, una madre, un padre, el capitán del equipo, yo mismo en mi propia vida, etc. Me he preguntado cómo evitar caer en la trampa.
Bien, todo lo anterior es un camino que he encontrado para evitar comprar y venderme espejitos de colores. Cada ítem mencionado compone el mapa que utilizo para el mundo mental: Aspecto del conocimiento, en mi viaje de vida.
*Piensa en lo siguiente (simplificando): así como para los cristianos Jesús, para los musulmanes Mahoma, para los judíos Moisés, para los budistas Gautama, y así podemos seguir. También tienen sus propios libros, rituales, etc. ¿No les parece raro que todas se construyan alrededor de las mismas variables? ¿Coincidencia?
**La espiritualidad entendida como la búsqueda y la conexión con «eso que todo lo es», sin importar el nombre que se le dé.

