La expiación

Todos nuestros intentos por separar se constituyen en nuestros juicios de ataque, en las interpretaciones que justifican que hay algo que no pertenece a Dios. Y aquí es donde realmente es correcto utilizar la afirmación contundente del curso que dice «eso no existe».

No puede haber algo que no sea Dios. El perdón solo se dedica a eso, a reparar en la mente la brecha que se genera tras esa creencia y el gran esfuerzo de justificación que realizamos, no solo con ideas, con acciones de todo tipo. Incluso somos capaces de ir a la guerra con tal de justificar la separación, es decir, que estamos en un mundo en el que Dios no participa. Y peor aún, declarar una guerra en su nombre, haciéndolo participar desde nuestra perspectiva, creyéndonos dueños de la existencia.

Y aquí está el otro gran tema, nuestra perspectiva. Hemos hecho a Dios a imagen y semejanza de nuestro entendimiento, de nuestras creencias, y por ende ha quedado sumergido en nuestra estrechez de comprensión la cual es dual. De allí fragmentamos en base a nuestro entendimiento toda la realidad, no solo en aquello que apenas podemos comprender y explicar, sino en bandos de bueno y malo (que en principio es bueno o malo para nosotros). Para aceptar que Dios es todo lo que es, es necesario que soltemos la idea de Dios, y también la idea de lo que «es», no solo de Dios, sino de todas las cosas. En ese vacío es posible que una chispa se encienda e ilumine.

Ese vacío es fértil, no es de ausencia, sino de presencia. No es de retirada u opresión y carencia, sino de libertad y fuerza. Sin embargo, llegar a ese lugar conlleva mucha voluntad y humildad, porque el humano, aún con todas sus derrotas y sufrimientos innecesarios, lo sigue intentando a su manera.

Entonces, ¿cómo incluimos? ¿Cómo integramos? La Expiación según mi comprensión de Un Curso de Milagros “es una lección de inclusión”, ofreciendo un deshacimiento de la manera de pensar dual y fragmentaria, que divide y opone dando lugar a interpretaciones de conflicto, cuando en realidad nada está en conflicto, porque nada está en oposición, porque todo es uno. Fuego y agua no están en oposición, cuerpo y alma tampoco. Solo hay que traspasar el sistema interpretativo que los opone en vez de unirlos. Y aquí volvemos al vacío, al gesto de vaciarse, pues tiene que haber una forma de entendimiento que de lugar a una comprensión unificada.

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