Espiritualidad 3 aspectos: aprendizaje – sanación

El lugar del aprendizaje

Para decirlo de una forma simple, el aprendizaje se da en el nivel personal o psicológico de la experiencia, mientras que el nivel del ser o espíritu ofrece la información “correcta” para que eso suceda en el contexto actual.

Nuestro marco o contexto de aprendizaje es la dualidad, y si bien estamos acostumbrados a oponer cuerpo-mente, materia-espíritu, es hora de dar un paso más en nuestra comprensión: las oposiciones son en el nivel del propósito, la intención y el significado que otorgo, no en las cosas en sí.

El tema no es el cuerpo o la mente, sino ¿para qué? ¿En función de qué lo voy a usar, para qué fines? Y así como el uso o disposición del cuerpo o la mente, un retiro espiritual, una charla, estar en pareja, una película, comer, ¿para qué?

El ¿para qué?, el propósito, si queremos que aporte luz, aprendizaje, sanación, es decir, que nos impulse a la unidad, a la paz, llega de más allá de nuestra conciencia individual.

El personaje que he inventado tiene una función, sin dudas, pero no es el que enseña, guía o muestra, sino que justamente es el que aprende, es guiado y va reconociendo el camino.

Aun así, su papel es muy importante; es el que manifiesta, el que hace, el que concreta. Sin su papel, todo quedaría en la entelequia. Siendo el último eslabón de la cadena, su mejor opción es interferir lo menos posible con el mensaje a la vez que se vuelve un artesano de la traducción, un verdadero puente entre la entelequia y la materia. Podríamos decir, entre la inspiración y la concreción material de esa información recibida.

Todo sucede en mí.

Este ser y este ego, o identidad personal, entran en conflicto cuando el ego (lo más “pequeño”) no acepta “moverse” en función del ser (lo más “grande”). Ambas instancias están en mí, solo que muchas veces desordenadas. El aprendizaje consiste en armonizar nuestra identidad temporal con nuestra identidad más amplia, el ser, el alma, el espíritu, el corazón, como nos guste llamarla.

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