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Jesús te llama… (2)

“Dentro de poco me verás, pues yo no estoy oculto porque tú te estés ocultando. Es tan seguro que te despertaré como que me desperté a mi mismo, porque desperté por ti. En mi resurrección radica tu liberación. Nuestra misión es escaparnos de la crucifixión, no de la redención. Confía en mi ayuda, pues yo no caminé solo, y caminaré contigo de la misma manera en que nuestro Padre caminó Conmigo. ¿No sabías que caminé con Él en paz? ¿Y no significa eso que la paz nos acompaña durante toda la jornada?”

Ucdm. Cap. 12, s. II

Silencio

El silencio es la ausencia de todo juicio.

Los “creyentes” de la forma

Los “creyentes” de la forma no pueden aceptar la Libertad del Amor. El Amor no tiene forma, aunque las usa todas, y es todas las formas. El Amor no está circunscrito a ninguna forma particular o específica de expresión, sin embargo, puede estar en todas ellas.

No hay límite para lo ilimitado, y no puedes tomarlo en tus manos pensando que es tuyo o para ti. Es una corriente, y posee la condición del flujo. No puedes retenerlo, pero si experimentarlo, ser atravesado y como resultado de ello compartirlo y extenderlo a su vez.

Muchas veces, nuestras mentes absorbidas en lo concreto, se atienen a formas específicas de expresión, a canales únicos de demostración: “si me amas debes hacer esto, o comportarte de tal manera”. Mas no pueden ver que lo único que están haciendo es restringir a sus experiencias concretas, basadas en el pasado, un flujo que trasciende toda explicación, ya que está más allá del tiempo y el espacio, es más, no tiene nada que ver con el tiempo y el espacio a pesar de que se pueda expresar en ambas dimensiones.

El Amor tiene lugar aquí y ahora, lo cual implica el hecho de que es siempre nuevo, novedoso, fresco. Está vivo, y por ello las formas varían, emergiendo siempre en las condiciones presentes. Esa es su única relación con el tiempo y el espacio. Una condición activa, no localizada, por lo tanto, indeterminable. Solo su experiencia denota su presencia.

No hay nada que puedas hacer al respecto. El amor no tiene condiciones. Cuando le permites a tu mente abrirse lo suficiente, puedes ver que es todas las condiciones. Es el contexto de la existencia, por tanto no merece evaluación, sino aceptación y reconocimiento. Todos sufren por “falta de amor”, que en suma no es más que el sufrimiento derivado por excluirse de esta corriente.

No dudes de que estás equivocado. Si no estás experimentando el Amor, estás equivocado. Esa experiencia no proviene del comportamiento de tus hermanos, sino que es una conciencia interna de la presencia de Dios, El Amor que todo lo es, la cual no requiere comprobación ni ajuste, sino un mero reconocimiento.

Confundir una expresión concreta del amor con el amor en sí mismo, implica perder de vista a tu hermano. Él no podrá estar a la altura de tus expectativas, tarde o temprano hará algo que no es digno del amor tal cual tú lo ves. Libéralo. Eso no es real. El amor que él pueda expresarte, es el amor que tú estás dispuesto a brindarte a ti mismo. Tú hermano solo te dará lo que quieres recibir. Es tu Salvador, por tanto es el espejo de tus deseos, ya sean descabellados o cuerdos. En él verás tu pedido de amor, o tu propio rechazo. No le pidas lo que no puede dar, pero si puedes aceptar con tranquilidad que él es un portavoz de tus deseos, ya sean conflictivos o pacíficos.

El amor no puede reducirse a tu entendimiento, sin embargo puedes permitir que el amor te brinde el entendimiento que te “falta” para experimentarlo y así comprenderlo. Darle cobijo en tu corazón, sin perturbar su pureza, parece ser una hazaña, mas, cuentas con la ayuda de Uno que no puede fallar si de amor se trata.

Tu hermano y tú, Unidos, son la más clara y perfecta expresión del Amor. Mas esa unión es una experiencia, no un concepto. El concepto la puede suscitar, sin embargo su cabal entendimiento viene a raíz de la experiencia (1).

La Unión es una condición que te es dada y como tal, una confirmación de la aceptación de la luz. No es algo que tú tengas que lograr, sino más bien aceptar. Te es dada por la gracia y para la gracia. No tiene relación con tus esfuerzos particulares más allá de aquellos que implican tu entrega a la realidad del Amor. Tampoco es algo que puedas determinar, sino como se ha dicho, se te da libre y naturalmente bajo tu disposición a aceptarlo.

No recrimines a nadie, si no te sientes amado, o si no te aman como “debería de amarse” a alguien. Libérate de esas limitaciones. Sólo te darán lo que tú estés dispuesto a darte. Se generoso contigo mismo, no temas sufrir más, pues no se puede “sufrir más”. Y esto debe entenderse cabalmente, la sensación de “falta de amor” es todo el sufrimiento.

Él puede liberarte si tú le pides sólo eso. Sólo si en tu mente estás libre de condena (aunque sea por un instante), percibirás correctamente la función de tu hermano en tu vida. Él no es un verdugo, ni un hipócrita, es el Hijo de Dios, y espera tu bendición para amarte libremente. No importa cuánto hayas fracasado en el pasado, no importa cuánto creas en la imposibilidad de un Amor real, estable y duradero, ahora estás pidiendo dar genuinamente, porque quieres recibir genuinamente. Eres el receptor de tu propia dación. Perdónalo todo, perdona tu falsa sensación de carencia, y dalo todo. Sin límites. Extiende tu conciencia desde el corazón, irradia, y serás irradiado.

Fundamentalmente, esto es un gesto en la conciencia, una disposición mental. El resto proviene por milagro. No tienes que hacer nada más. No debes entenderlo, sino pedirlo.

 


(1) Todo concepto a su vez, es pasible de transformación, por lo tanto debe ser “liberado”, ya que es una conjunción temporal, sujeta al cambio y la resignificación, mas, lo que suscita o busca expresar, es en definitiva, su sentido. 

Mediante tu regalo de libertad te liberas tú.

En el sueño de cuerpos y muerte aún puede vislumbrarse un atisbo de verdad que tal vez no es más que una pequeña chispa, un espacio de luz creado en la obscuridad donde Dios refulge todavía. Tú no puedes despertarte a ti mismo. No obstante, puedes permitir que se te despierte. Puedes pasar por alto los sueños de tu hermano. Puedes perdonarle sus ilusiones tan perfectamente, que él se convierte en el que te salva de tus sueños. Y al verlo brillar en el espacio de luz donde Dios mora dentro de la obscuridad, verás que Dios Mismo se encuentra allí donde está su cuerpo. Ante esta luz el cuerpo desaparece, de la misma manera en que las sombras densas ceden ante la luz. La obscuridad no puede decidir que el cuerpo siga presente. La llegada de la luz supone su desaparición. Verás entonces a tu hermano en la gloria, y entenderás qué es lo que realmente llena la brecha que por tanto tiempo pensaste que os mantenía separados. Ahí, en lugar de ella, el testigo de Dios ha trazado el dulce camino de la bondad para que el Hijo de Dios lo recorra. A todo aquel que perdonas se le concede el poder de perdonarte a ti tus ilusiones. Mediante tu regalo de libertad te liberas tú.

Hazte a un lado y deja pasar al amor, el cual tú no creaste, pero sí puedes extender. En la tierra eso quiere decir perdonar a tu hermano, para que las tinieblas desaparezcan de tu mente. Una vez que la luz haya llegado hasta tu hermano a través de tu perdón, él no se olvidará de su salvador ni lo dejará sin absolver. Pues fue en tu rostro donde vio la luz que quiere mantener a su lado, a medida que camina a través de las tinieblas hacia la Luz eterna.

Un Curso de Milagros.

Capítulo 29 III.