Lo natural de tener un ego

Para todos aquellos que estamos en un camino espiritual, podemos reconocer que hay ciertas barreras que debemos trascender. Gracias a Dios tenemos mucha ayuda, y hay muchas y variadas formas de llegar a nuestro lugar de paz. Sin embargo, en ese movimiento de aprendizaje hay algo que por obvio, no deja de ser una trampa que pasamos por alto. Aunque parezca ser algo molesto, que cause comezón y miradas esquivas, tenemos un ego, y por ende, vivimos y experimentamos todo lo asociado a tener un ego.

Allí es donde comienza una especie de disociación. Puede que reconozcamos tener un ego, pero nos es más difícil aceptar lo que ello conlleva, en la amplia gama de emociones, pensamientos y acciones que el ego suele implicar. Piensa por un segundo: ¿qué implica tener un ego? ¿cómo se vive en mí esa experiencia?

Llegamos al camino o búsqueda espiritual tratando de deshacernos de nuestro ego, no queremos más eso que nos duele, nos irrita o nos vuelve indignos ante nuestros propios ojos. Sin embargo, la trascendencia del ego no se da por omisión o rechazo, sino por una humilde aceptación y un honesto examen unido al deseo de cambiar. Reconocer en primer lugar que todo lo que un ego puede pensar, sentir y hacer es parte de la gama de mis experiencias, no es algo que se nos pueda escapar, aunque frecuentemente y a medida que vamos dando pasos en nuestro camino, se nos va olvidando, y pareciera no solo que construimos un enemigo y una imagen externa «el ego y sus formas», sino que también parece que no «debería estar más». Pero eso no funciona así. Omitir, reprimir, privar, son mecanismos que no ayudan a trascender al ego, y tampoco desaparece, sino que se hace fuerte en la sombra de esos mismos mecanismos.

Los impulsos físicos, el ataque, la ira, el miedo, la culpabilización y el «juicio contra», son variables inherentes de la condición egoica, es decir, del estado de separación, soledad y abandono que sufre la mente del soñador. Esto no se evita por ocultamiento, se trasciende con mucho amor, dedicación y práctica. Se trasciende con humildad, aceptando las heridas, el dolor, y luego perdonando y cambiando de mentalidad al respecto. No hay perdón sin cambio de mentalidad. Pues el propósito de la experiencia en sí, es que logre trascender mis propias limitaciones y fijaciones por medio del amor, y eso quiere decir que donde antes hubo dolor y miedo, ahora hay amor. Y esta es la secuencia simple de todo aprendizaje. No hay tal «camino» o espiritualidad sin esta secuencia, es sin duda, su comienzo.

La condición de todo lo temporal hasta que se identifica con lo intemporal, es una de continuo aprendizaje. La eternidad es un marco que puede resonar en nosotros, sin embargo, es algo que no puede ser adivinado o explicado. Es la experiencia misma de fusión y desvanecimiento de las limitaciones. Es esa trascendencia en el amor.

El ego no es ni malo ni bueno, de hecho no tiene significado, pues es una ilusión, es parte de la condición de la mente que sueña la separación. ¿Qué vamos a hacer con ello? Es la pregunta que debemos contestar. Yeshua no tenía enemigos, y esa es una enseñanza mucho más profunda que una cuestión militar. No había en el rechazo de ninguna de sus partes,  no estaba en conflicto consigo mismo, y por ende, no había un enemigo. El ego tampoco es un enemigo, ni algo que se tenga que dominar por medio de la represión o la privación. No se puede pretender no tener ego, eso de por sí es muy egoico. No hay nadie en este plano que no tenga ego, y por lo tanto que no tenga que hacer el mismo trabajo que hacen los demás a la hora de reconocer sus bajas emociones y entregarlas por el deseo de no estar más ahí. 

Con todo, el camino que vamos recorriendo, reverdece y se va embelleciendo, dando frutos y nutriendo a muchos. No se trata de una lucha, sino de una humilde aceptación de las condiciones y su integración en el marco más amplio de lo ilimitado, es decir, en nosotros habita una paradoja que es el Ser y el ego, y mediante nuestro aprendizaje armonizamos de tal forma, que la paradoja se vuelve un continuo a favor de la revelación de mi propia luz. No es eliminando la paradoja, sino integrándola, y de esa manera se dará una unificación en mi conciencia que traerá paz. 

por Diego Bentancor

Photo by Luis Quintero from Pexels

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