LECCIÓN 356. La enfermedad no es sino otro nombre para el pecado. La curación no es sino otro nombre para Dios. El milagro es, por lo tanto, una invocación que se le hace a Él.

Padre, prometiste que jamás dejarías de contestar cualquier petición que Tu Hijo pudiese hacerte. No importa dónde esté, cuál parezca ser su problema o en qué crea haberse convertido. Él es Tu Hijo, y Tú le contestarás. El milagro es un reflejo de Tu Amor, y, por lo tanto, es la contestación que él recibe. Tu Nombre reemplaza a todo pensamiento de pecado, y aquel que es inocente jamás puede sufrir dolor alguno. Tu Nombre es la respuesta que le das a Tu Hijo porque al invocar Tu Nombre él invoca el suyo propio.


Comentario:

Elimina toda culpa llamando a la Verdad en tu mente. Toda restricción y carencia quedan desechadas ante la Luz de la Realidad del Amor. ¿Querrías evitar esto, con pensamientos que tu Padre no piensa de ti ni de la Creación? ¿Mantendrías pensamientos de obscuridad ante su Luz, con qué propósito? Ya puedes abandonar lo que no es nada, sin temor, pues no hay pérdida dejando el pensamiento del dolor atrás. El Amor te conduce hasta Él y te recibe en Él. Esa es Su Voluntad, que sea la tuya también.

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