LECCIÓN 345. Hoy sólo ofrezco milagros, pues quiero que retornen a mí.

Padre, todo milagro es un reflejo de los regalos que me haces a mí, Tu Hijo. Y cada uno que concedo retorna a mí, recordándome que la ley del amor es universal. Incluso aquí, dicha ley se manifiesta en una forma que se puede reconocer, y cuya eficacia puede verificarse. Los milagros que concedo se me devuelven en la forma que más me puede ayudar con los problemas que percibo. Padre, en el Cielo es diferente, pues allí no hay necesidades. Pero aquí en la tierra, el milagro se parece más a tus regalos que cualquier otro regalo que yo pueda hacer. Así pues, déjame hoy hacer solamente este regalo, que al haber nacido del verdadero perdón, ilumina el camino que debo recorrer para poder recordarte.

Que la paz sea con todos los corazones que la buscan. La luz ha venido a ofrecer milagros para bendecir a este mundo exhausto. Éste hallará descanso hoy, pues nosotros ofreceremos lo que hemos recibido.


Comentario:

Acepta la Guía del Espíritu Santo, jamás te conducirá por un camino escarpado. Su amor por ti, en el reconocimiento de lo que eres, le infunde la misericordia que tus pensamientos separados nunca te ofrecerán. Cuando creas que una situación se ha vuelto imposible, intolerable, piensa en Él, pues esa será la única solución, ya que el problema comenzó cuando pensaste sin Él.

No creas que es diferente a ti, o ajeno, sino más bien piensa en Él como aquel que te recuerda quien eres y el poder que tienes. Ese poder aún está en ti, pero mal dirigido, pues el ego usa tu poder para aprisionarte y hacerte creer que eres débil. ¡No le creas! Nada que el ego te ofrezca será verdad jamás, y no tendrá ningún respaldo nunca, a menos que tu se lo des. Si se lo das, lo tendrá.

El Espíritu Santo no necesita tu respaldo, pero si tu aceptación. Pues la verdad ya es y no necesita que la Mente del Hijo la valide, sino tan sólo que no le dé la espalda. Acepta la verdad y rechaza la ilusión, ¡qué simple es la enseñanza del Espíritu Santo! Y más simple aún, cuando reconozcas que Él ofrece los medios para su cumplimiento, no tú. Tú sólo aceptas. Pues en la posición en la que te encuentras, ese es el primer paso en el camino de retorno.

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