LECCIÓN 313. Que venga a mí ahora una nueva percepción.

Padre, hay una visión que ve todas las cosas sin mancha alguna de pecado, lo cual indica que el miedo ha desaparecido, y que en su lugar se ha invitado al amor. Y éste vendrá dondequiera que se le invite. Esta visión es Tu regalo. Los ojos de Cristo contemplan un mundo perdonado. Ante Su vista todos los pecados del mundo quedan perdonados, pues Él no ve pecado alguno en nada de lo que contempla. Permite que Su verdadera percepción venga a mí ahora, para poder despertarme del sueño de pecado y ver mi impecabilidad en mi interior, la cual Tú has conservado completamente inmaculada en el altar a Tu santo Hijo, el Ser con Quien quiero identificarme.

Contemplémonos hoy los unos a los otros con los ojos de Cristo. ¡Qué bellos somos! ¡Cuán santos y amorosos! Hermano, ven y únete a mi hoy. Salvamos al mundo cuando nos unimos. Pues en nuestra visión el mundo se vuelve tan santo como la luz que mora en nosotros.


Comentario:

Y así aceptamos lo inevitable y recordamos nuestra verdadera Identidad. No hay más que hacer que ir a su encuentro. Su bendición impartirá la luz y el poder necesarios para que todo pensamiento se ordene según la voluntad de Dios.

Padre, quiero recordarte, y para ello, debo aceptar al Cristo en mi, pues en Él te muestras en esplendor y misericordia. Mi corazón y mi mente se abren a recibir.

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