LECCIÓN 305. Hay una paz que Cristo nos concede.

El que sólo utiliza la visión de Cristo encuentra una paz tan profunda y serena, tan imperturbable y completamente inalterable, que no hay nada en el mundo que sea comparable. Las comparaciones cesan ante esa paz. Y el mundo entero parte en silencio a medida que esta paz lo envuelve y lo transporta dulcemente hasta la verdad, para ya nunca volver a ser la morada del temor. Pues el amor ha llegado, y ha sanado al mundo al concederle la paz de Cristo.

Padre la paz de Cristo se nos concede porque Tu Voluntad es que nos salvemos. Ayúdanos hoy a aceptar únicamente Tu regalo y a no juzgarlo. Pues se nos ha concedido para que podamos salvarnos del juicio que hemos emitido acerca de nosotros mismos.


Comentario:

En la paz de Cristo, la seguridad es perfecta, y la necesidad de defensas acaba, pues el amor no las requiere. En un mundo perdonado, sólo la mansedumbre tiene lugar. Todas las cosas se encuentran en perfecto orden y en relación armoniosa. Y así todo transcurre en calma.

Aquello que a los ojos del ego parece caótico, es perdonado y amado, retornando así al dulce remanso de la Santidad. Que mis limitaciones no obstruyan la verdad, pues ésta sólo requiere mi aceptación total. Por un instante no me valdre de mis ilusiones para alejar la verdad.

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