LECCIÓN 298. Te amo, Padre, y amo también a Tu Hijo.

Mi gratitud hace posible que mi amor sea aceptado sin miedo. Y, de esta manera, se me restituye por fin mi Realidad. El perdón elimina todo cuanto se interponía en mi santa visión. Y me aproximo al final de todas las jornadas absurdas, las carreras locas y los valores artificiales. En su lugar, acepto lo que Dios establece como mío, seguro de que sólo mediante ello me puedo salvar, y de que atravieso el miedo para encontrarme con mi Amor.

Padre, hoy vengo a Ti porque no quiero seguir otro camino que no sea el Tuyo. Tú estás a mi lado. Tu camino es seguro. Y me siento agradecido por tus santos regalos. Un santuario seguro y la escapatoria de todo lo que menoscabaría mi amor por Dios mi Padre y por Su santo Hijo.


Comentario:

Cuando Tú eres mi única meta, puedo estar seguro de que Tu Paz me guiará y marcará el camino. Mi mente se fija dulcemente en Tu Amor, y así mi paso se vuelve sereno y una fuente de bendición para todos.

Es Tu Amor el que me enseña a amar y con el que quiero amarte. Y sólo tengo que dirigirme a Ti para conocer el amor que hay en mí.

Padre, tú me lo has dado todo, y quiero hacer como Tú, pues no tengo nada que no sea tuyo. Amén.

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