LECCIÓN 290. Lo único que veo es mi actual felicidad.

A menos que contemple lo que no está ahí, lo único que veo es mi actual felicidad. Los ojos que comienzan a abrirse por fin pueden ver. Y deseo que la visión de Cristo descienda sobre mí hoy mismo. Pues lo que percibo a través de mi propia vista sin la Corrección que Dios me dio para ella, es atemorizante y doloroso de contemplar. Mas no voy a permitir que mi mente se siga engañando un solo instante más, creyendo que el sueño que inventé es real. Éste es el día en que voy en pos de mi actual felicidad y en el que no he de contemplar nada que no sea lo que busco.

Con esta resolución vengo a Ti y te pido que me prestes tu fortaleza, mientras procuro únicamente hacer Tu Voluntad. No puedes dejar de oírme, Padre. Pues lo que pido ya me lo has dado. Y estoy seguro de que hoy veré mi felicidad.


Comentario:

Las cadenas del pasado están a punto de caer, sólo resta que me las quite. Los juicios y las ideas basadas en mis interpretaciones, nublan la visión del presente, pues antes que ver el presente veo y lo comparo con lo que ya conozco y lo juzgo en base a ello. Esto evita que pueda aceptar el ahora, desprovisto de todo pasado.

La felicidad requiere ausencia de miedo, y el miedo está anclado al dolor del pasado. Dejaré mis creencias a un lado por un momento, y aceptaré la paz y la seguridad que me ofrece el Espíritu Santo. No hay nada que Dios no contemple en favor de nuestro bienestar, mas, si decido compararlo con mi pasado, no podré ver el milagro del presente.

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