LECCIÓN 243. Hoy no juzgaré nada de lo que ocurra.

Hoy seré honesto conmigo mismo. No pensaré que ya sé lo que no puede sino estar más allá de mi presente entendimiento. No pensaré que entiendo la totalidad basándome en unos cuantos fragmentos de mi percepción, que es lo único que puedo ver. Hoy reconozco esto. Y así quedo eximido de tener que emitir juicios que en realidad no puedo hacer. De esta manera, me libero a mí mismo y a todo lo que veo, de modo que pueda estar en paz tal como Dios nos creó.

Padre, hoy dejo que la creación sea lo que es. Honro todos sus aspectos, entre los que me cuento. Somos uno porque cada aspecto alberga Tu recuerdo, y la verdad sólo puede derramar su luz sobre todos nosotros cual uno solo.


Comentario:

¿Para qué iba a juzgar, sino para afirmar mi ignorancia? Basarme en la percepción que tengo de las cosas para emitir un juicio, es ciertamente un acto de separación, pues me aleja de la verdad. Lo único que puedo juzgar son las ilusiones que yo mismo fabriqué.

La verdad sólo puede ser conocida, y no amerita interpretación, juicio o acción alguna al respecto. Infunde una certeza que no proviene de este mundo, y recuerda el amor que hay en tu corazón y en el de tus hermanos, más allá de las apariencias temporales. Lleva a tu mente al estado de paz y de unión, consigo misma y con todo lo que la rodea. ¿Qué juicio hace eso? Sólo el juicio que el Espíritu Santo tiene de ti: tú eres tal como Dios te creó.

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