LECCIÓN 225. Dios es mi Padre, y Su Hijo lo ama.

Padre, no puedo sino corresponder a Tu Amor, pues dar es lo mismo que recibir y Tú me has dado todo Tu Amor. Tengo que corresponder a él, pues quiero tener plena conciencia de que es mío, de que arde en mi mente y de que, en su benéfica luz, la mantiene inmaculada, amada, libre de miedo y con un porvenir en el que sólo se puede perfilar paz. ¡Cuán apacible es el camino por el que a Tu amoroso Hijo se le conduce hasta Ti!

Hermano mío, ahora hallamos esa quietud. El camino está libre y despejado. Ahora lo recorremos juntos y en paz. Tú me has tendido la mano, y yo nunca te abandonaré. Somos uno, y es sólo esta unidad lo que buscamos a medida que damos los últimos pasos con los que concluye una jornada que nunca comenzó.


Comemtario:

El amor por tu Padre surge naturalmente cuando puedes sentir el Suyo por ti, pues Su Amor es el único Amor que se puede compartir, ya que es el único que es real. Abre tu mente a la comunicación con tu fuente, y el Amor fluirá en todas las direcciones.

No hay distancia entre Dios y su Hijo. Tal vez el Hijo esté dormido, pero eso no cambia la unión que comparten, sólo la conciencia que tienen el Hijo acerca de tal unión. Despertar es volver a la plena conciencia de ella y dejar atrás la separación.

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