No existen los “problemas personales”.

Piensa en esto por un instante: cuando algo se repite, indistintamente del lugar, la época, e incluso de las aparentes creencias que posean los humanos; cuando algo se repite tan firmemente más allá de estos factores, puedes por lo menos aceptar, que no es personal, que no tiene que ver específicamente con una persona.
 
Piensa, si tu amigo, tu vecino, tu hermano, compañero de trabajo, un extranjero o quien sea, tiene problemas de pareja, en relación con el dinero, con la alimentación, la convivencia, o cualquier otro tipo, puedes inferir con facilidad que han dejado de ser personales o individuales. Es más adecuado aceptar esta premisa: La experiencia es personal, pero el problema no lo es.
 
Si no son personales, si puedes ver esto con claridad, entenderás que no podrás resolverlos tu sólo, o de manera personal y separada, porque aunque la experiencia es personal, no son personales. Realizarás un esfuerzo que aliviará una parte, pero no puedes resolver algo que pertenece a la Totalidad sin unirte a ella.
 
Si los problemas o conflictos son del conjunto, la solución es pensar en el conjunto como una totalidad, tú siendo parte de ella, no un ente separado y aislado sin afectación o relación ninguna. Y necesariamente integrando a todas las partes en la solución, nada puede quedar fuera de la totalidad si quieres una solución total. Hablando en términos humanos, eso implica felicidad para todos, Paz para todos. No puede haber vencidos o vencedores en algo que es Uno y lo mismo.
 
Si te separas del resto, es decir, de la totalidad, no habrá solución verdadera, sino una isla en aparente calma, que en cualquier momento podrá sufrir los embates del “resto del mundo”. Si todos padecen los mismos dilemas, ¿cómo puede ser qué no comprendas su dolor o por lo que están pasando? Más allá de la forma que tome, que es lo que en sí varía, el contenido es el mismo, y tú puedes ver y entender al otro si atiendes esto y no la forma.
 
La fantasía de los problemas personales, es un argumento contundente del ego-yo para mantenerte ocupado y encerrado en una burbuja personal, familiar y hasta social, enmarañado en prejuicios sin valor. Mientras, intentas resolver problemas con soluciones muy limitadas y no adecuadas.
 
No estás sólo, no padeces nada que otro no padezca, convives constantemente con personas que experimentan los mismos dilemas, y aún así no te unes a ellos, no cooperas, y prefieres desentenderte de “sus problemáticas”, que no son las tuyas y de las cuales mejor estar lejos. Te diferencias de lo que es lo mismo, lo juzgas y rechazas, y por ello, no progresas realmente en la consecución de la paz, porque la paz es el resultado de la unión.
 
Abandona todo intento de refugiarte en el beneficio propio. No existe tal cosa. Puedes generar la ilusión de ganar a costa de otro (lo cual es el significado del beneficio propio) , pero no estarás más que sembrando cadenas. Así como no hay problemas personales, no hay beneficio personal. Tú no estás sólo, y no podrías vivir en soledad. Cada cosa que vives, la vives y experimentas en relación. Nada de tu vida tiene sentido aparte de este contexto vital. Nada que valoras está fuera de un marco “relacional”.
 
Si puedes reconocer está simple realidad, entenderás que el beneficio de uno es necesariamente el de todos, si es que no es una ilusión de separación más. Y con ello podrás comprender que tu paz no está en contraposición a la de los demás. Debe ser la misma, y tus esfuerzos sólo deben encaminarse a encontrar la unidad más allá de la forma. Esto es lo que realmente significa Hermandad.
 

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