LECCIÓN 60. Repaso de las lecciones 46 – 50

(46) Dios es el Amor en el que perdono.

Dios no perdona porque jamás ha condenado. Los que están libres de culpa no pueden culpar, y aquellos que han aceptado su inocencia no ven nada que tengan que perdonar. Con todo, el perdón es el medio por el cual reconoceré mi inocencia. Es el reflejo del Amor de Dios en la tierra. Y me llevará tan cerca del Cielo que el Amor de Dios podrá tenderme la mano y elevarme hasta Él.

(47) Dios es la fortaleza en la que confío.

No es con mi propia fortaleza con la que perdono. Es con la fortaleza de Dios en mí, la cual recuerdo al perdonar. A medida que comienzo a ver, reconozco Su reflejo en la tierra. Perdono todas las cosas porque siento Su fortaleza avivarse en mí. Y empiezo a recordar el Amor que decidí olvidar, pero que nunca se olvidó de mí.

(48) No hay nada que temer.

¡Cuán seguro me parecerá el mundo cuando lo pueda ver! No se parecerá en nada a lo que ahora me imagino ver. Todo el mundo y todo cuanto vea se inclinará ante mí para bendecirme. Reconoceré en todos a mi Amigo más querido. ¿Qué puedo temer en un mundo al que he perdonado y que a su vez me ha perdonado a mí?

(49) La Voz de Dios me habla durante todo el día.

No hay un solo momento en el que la Voz de Dios deje de apelar a mi perdón para salvarme. No hay un solo momento en el que Su Voz deje de dirigir mis pensamientos, guiar mis actos y conducir mis pasos. Me dirijo firmemente hacia la verdad. No hay ningún otro lugar adonde pueda ir porque la Voz de Dios es la única Voz y el único guía que se le dio a Su Hijo.

(50) El Amor de Dios es mi sustento.

Cuando escucho la Voz de Dios, Su Amor me sustenta. Cuando abro los ojos, Su Amor alumbra al mundo para que lo pueda ver. Cuando perdono, Su Amor me recuerda que Su Hijo es impecable. Y cuando contemplo al mundo con la visión que Él me dio, recuerdo que yo soy Su Hijo.


Comentario:

No hay nada que pueda hacer sin Dios, lo que “hago” con el ego es una fabricación, una forma de substituir mi relación con Dios por un sueño. Mas, este vacío sólo se llena por medio de recordar Su Amor.

En los sueños, las satisfacciones temporales no logran colmar la búsqueda de paz. Y así, recurrimos a la Voz del despertar, para que nos guíe más allá de toda fabricación, hacia la conciencia de nuestra Unicidad.

Nuestra Identidad, por tanto tiempo olvidada, se restituye en Su Amor. Lo que creímos que alguna vez fue, simplemente es reinterpretado a la luz de la Verdad, y sólo conservamos lo que condice con ella. El resto, tan sólo se abandona, pues ya no tiene más valor. Soy el santo Hijo de Dios, y Su Amor es mi sustento.

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