En oración (5)

“Yo que soy anfitrión de Dios, soy digno de Él.

Aquel que estableció Su morada en mi la creó como Él quiso que fuese.

No es necesario que yo la prepare para Él, sino tan sólo que no interfiera en Su plan para reinstaurar en mi la conciencia de que estoy listo, estado éste que es eterno.

No tengo que añadir nada a Su plan.

Mas para aceptarlo, tengo que estar dispuesto a no substituirlo por el mío.”

Un Curso de Milagros. Cap. 18, IV

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