Quebrando el patrón (1) Aceptar el patrón

Quebrar el patrón de comportamiento, implica modificar el “circuito común” de pensamiento. Aquel que usamos habitualmente para resolver situaciones o posicionarnos frente a una circunstancia dada, localizarnos en el espacio-tiempo (definir un contexto), relacionarnos, definir a otros.

Todos tenemos patrones de comportamiento, porque la mente establece patrones naturalmente. El problema nace en la solidificación de estos, y su repetición ritual. Así también de la importancia excesiva que le damos a nuestra “forma de pensar”, de ver las cosas, de hacer. Nos apegamos a ellas, creando las bases del patrón de pensamiento. Ésto demuestra que aún damos más atención a la forma que al contenido. Nos oponemos al cambio, utilizando “viejas fórmulas para nuevos retos”. Tanto la división de la mente como su rigidez le impiden ver el absurdo.

No creemos estar equivocados, aún sabiendo todas las limitaciones con las que el pensamiento ególatra cuenta. Creemos en ellas como si de verdades se tratase y así las vivimos. Sabemos que juzgar es un acto de pura arbitrariedad, basado en la percepción e interpretación que mi punto de vista me ofrece, ignorando una infinidad de variables que hacen a la conformación de cada hecho; aún así, damos la “vida” por estas ínfimas parcialidades arbitrarias.

En base a estos juicios construimos nuestra identidad, nos vemos bajo un lente defectuoso, y por tanto lo que vemos refleja distorsiones. Es decir, conflicto, en vez de armonía. Todos estamos en busca de esa “armonía”, la cual es un descubrimiento a realizar en cada uno.

Estar equivocado, es la condición natural del Ego, de una mente que se percibe como limitada o separada de Dios (la fuente de todo lo que es). Esta afirmación debería sembrar paz, mas, para aquellos que no se han dado cuenta que no son su Ego, les ofende.

Hemos forjado una identidad de nosotros mismos, a la cual le damos un valor excesivo. Aún sabiendo que es transitoria, pasajera, limitada y limitante, es decir, ilusoria. Muchas veces la colocamos muy por encima de nuestra propia sanación y del amor. De hecho, para eso la hemos forjado. Nadie que se juzgue a sí mismo como carente, falto o incapaz puede negar que la sanación queda obstruida. Estos pensamientos obstaculizan la corriente de amor, porque claramente expresan su falta. Aunque sabemos que esto no es impedimento para el Espíritu Santo, sino que lo usará para abrir paso hacia la luz. Allí donde se encuentra el problema, está la solución.

No podemos obviar la tendencia compulsiva, a simplemente hacer lo que hacemos, una y otra vez. A no modificarlo, aunque muchas veces podemos reconocer que lo que hacemos hace daño. En las relaciones, el trabajo, la alimentación, en tantos ámbitos el ego se aferra y toma posesión; no se puede y no se debe obviar el terreno cedido. Hábitos que esconden o intentan aliviar culpas, evadir miedos, compensar fracasos, agradar a otros, conseguir resultados; la lista es infinita.

Nada de esto es necesario, mas, una parte de la mente si lo cree necesario y con ello cree encontrar sosiego y tranquilidad, aunque las pruebas de ello, escasean. Nadie puede encontrar paz por medio de justificaciones, ni argumentar méritos para ser amado o correspondido. Tampoco se pueden compensar “malas acciones”, borrar el pasado, o pasar por alto los demonios que cada tanto acosan a su huésped.  

Esto es de suma importancia, el Amor no se consigue, o se gana, no se logra por mérito, ni es un “bien” con el cual se pueda negociar. Así mismo sucede con la paz, el respeto, la libertad, la felicidad. Nada de ello se obtiene por esfuerzo propio; son el resultado inherente de la elección de uno u otro sistema de pensamiento (ego o Espíritu Santo).

El sacrificio es una noción propia del sistema de pensamiento del ego. El ego cree buscar lo mismo que el Espíritu Santo, solo que por medios totalmente antagónicos y su resultado es igualmente antagónico. Si hay sacrificio, se ha dejado guiar por su ego, no importa la forma de la situación y lo aparentemente justificado de la misma. Busca la paz por un camino equivocado. Aceptar esto, es el principio del cambio. El patrón ritualístico comienza a quebrarse.

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