Tu hermano y tú (1)

“El mundo se aquieta ante la santidad de tu hermano, y la paz desciende sobre él dulcemente y con una bendición tan completa que desaparece todo vestigio de conflicto que pudiese acecharte en la obscuridad de la noche. Él es quien te salva de tus sueños de terror. Él sana tu sensación de sacrificio y tu temor de que el viento disperse lo que tienes y lo convierta en polvo. En él descansa tu certeza de que Dios está aquí y de que está contigo ahora. Mientras él sea lo que es, puedes estar seguro de que es posible conocer a Dios y de que lo conocerás. Pues Él nunca podría abandonar a Su Propia creación. Y la señal de que esto es así reside en tu hermano, que se te da para que todas tus dudas acerca de ti mismo puedan desaparecer ante su santidad. Ve en él la creación de Dios, pues en él su Padre aguarda tu reconocimiento de que Él te creó como parte de Sí Mismo.”

Ucdm. Cap. 24, s. VI

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